Las cuatro formas clave en que se difunde la desinformación en línea

People on their smartphones as disinformation campaigns continue to spread online.
The speed at which online disinformation can spread makes it uniquely nefarious.Image: Unsplash/camilo jimenez
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  • Las redes sociales han permitido que la desinformación en línea prospere.

  • La información falsa y fuera de contexto es propagada principalmente por personas que buscan distorsionar la opinión pública y promover agendas concretas.

  • Según dos expertos, la desinformación suele difundirse de cuatro formas clave.

Las redes sociales han inaugurado una era de conectividad sin precedentes. Sin embargo, también han permitido que la desinformación y las llamadas campañas de noticias falsas se propaguen y prosperen.

La desinformación —que incluye información falsa y fuera de contexto difundida con la intención de engañar o inducir a error— es propagada principalmente por personas que buscan distorsionar la opinión pública y promover agendas concretas.

«La clave está en cómo aprovechan la apertura y la opacidad inherentes al ecosistema de contenidos», explicaron Doowan Lee y Adean Mills Golub, expertos en análisis de la desinformación y cofundadores de Veracity Authentication Systems Technology (VAST).

La desinformación puede ser propagada por numerosos actores en línea, incluidos gobiernos, entidades respaldadas por Estados, grupos extremistas y particulares. Por ejemplo, el Foro Económico Mundial informó recientemente sobre cómo una cuenta anónima antisemita en el tablón de imágenes 4chan desató una campaña de información errónea dirigida contra el Foro.

En VAST, Lee y Mills Golub supervisan contenidos de más de 10.000 millones de sitios web en 75 idiomas para rastrear cómo se difunden en línea. Según Lee y Mills Golub, las campañas de desinformación se propagan de cuatro formas clave:

  • Ingeniería social: Proporcionar un marco para tergiversar y manipular acontecimientos, incidentes, cuestiones y el discurso público. La ingeniería social suele tener como objetivo influir en la opinión pública a favor de una agenda determinada.

  • Amplificación no auténtica: Usar troles, bots de spam, cuentas con identidades falsas conocidas como «sock puppets», cuentas pagadas e influentes sensacionalistas para aumentar el volumen de contenidos maliciosos.

  • Microsegmentación: Aprovechar las herramientas de segmentación diseñadas para la colocación de anuncios y la interacción de los usuarios en las plataformas de redes sociales, a fin de identificar e involucrar a las audiencias más propensas a compartir y amplificar la desinformación.

  • Acoso y abuso: Usar una audiencia movilizada, cuentas falsas y troles para ocultar, marginar y acallar a periodistas, opiniones contrarias y contenidos transparentes.

En los últimos años abundan los ejemplos de desinformación que ha contaminado el discurso en línea y fuera de línea

Por ejemplo, durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016, Twitter identificó más de 50.000 cuentas de spam vinculadas a Rusia que difundían contenidos divisivos relacionados con las elecciones. La negación del cambio climático, la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Siria son otros temas que han estado impregnados de desinformación.

La pandemia de COVID-19 también ha estado plagada de desinformación. De hecho, el problema ha sido tan grave que la desinformación relacionada con la pandemia fue denominada una supuesta infodemia. «Parece que ya casi no queda ningún ámbito al que no haya llegado la desinformación relacionada con la crisis de COVID-19», dijo en 2020 Guy Berger, alto cargo de la UNESCO y una de las principales figuras de las Naciones Unidas en la lucha contra la desinformación.

Los expertos señalan que una característica común de las campañas de desinformación es desacreditar a las voces autorizadas

Ruth Ben-Ghiat, profesora de Historia en la Universidad de Nueva York que estudia a líderes autoritarios y la propaganda, explicó que quienes difunden desinformación suelen intentar sembrar dudas sobre las élites y las fuentes fiables, vinculándolas con «supuestas conspiraciones para controlar y perjudicar a la población» y presentándolas como «camarillas» corruptas asociadas con la lascivia.

«La oposición a la ciencia y el rechazo del “globalismo” están relacionados», dijo Ben-Ghiat.

La mejor forma de combatir la desinformación sigue siendo un tema de debate complejo. Sin embargo, los expertos coinciden en gran medida en que es necesaria la cooperación entre el público, los organismos reguladores y las empresas de redes sociales, y en que es crucial frenar la propagación de la desinformación.

Como señalan Lee y Mills Golub, «cuanto más espacio del ecosistema de contenidos ocupan [las campañas de desinformación], más difícil les resulta a las organizaciones de confianza competir por las audiencias».

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