Del 78 hasta hoy, España ha llevado a cabo una revolución

Spain's King Felipe greets school children with Spanish flags after ceremonies at the start of an official visit in Porto, northern Portugal November 28, 2016. REUTERS/Miguel Vidal - RC13FDE7FC80
Image: REUTERS/Miguel Vidal

Sólo en España hay que pedir disculpas por utilizar la palabra patria o declararse patriota, aunque se puede exclamar en público impunemente que se tiene vergüenza de ser español. Pero el patriotismo no es sino la confianza en nosotros mismos expresada en la alegría de nuestra copertenencia. Me imagino que será un escándalo añadir que el patriotismo es una virtud, pero los pueblos que tienen confianza en sí mismos siempre parten con ventaja a la hora de enfrentarse a una crisis.

No hay orgullo, ni personal ni colectivo, que esconda algo debajo de la alfombra, pero dejemos a los científicos sociales que descubran que Roma fue fundada por un fratricida y que la moralidad no tiene por qué ser creada moralmente (la vida intelectual no está limitada ni por lo noble ni por lo vil).

“España es una idea de derechas”, dice Almudena Grandes, pero en el órgano del PCE, Mundo Obrero, se leía en 1938: “Como el dos de mayo de 1808 ¡Todos en pie por la independencia de la Patria!” y Jesús Hernández proclamaba: “Sentimos nuestras venas inflamadas de entusiasmo por el orgullo de ser españoles.” Cuando se descubrió que la ideología de clase era un aliado muy débil para ganar la guerra, Pasionaria echó mano sin complejos del patriotismo. Y Stalin tomó buena nota.

Dice Erasmo que la naturaleza ha concedido a cada nación un cierto amor propio comunitario que nos ayuda a reconfortarnos con la celebración de lo que somos sin caer en la adulación servil de lo ajeno. Así, “cada uno resulta ante sus propios ojos más satisfactorio y estimable, lo cual constituye una parte esencial de la felicidad”. Podemos objetarle que la adulación de uno mismo no está exenta de riesgos, pero hay muchos más riesgos en el desinterés por uno mismo.

Alain Minc me hizo observar que, del 78 para aquí, España ha llevado a cabo una revolución democrática que nos alineó con los países europeos; una revolución económica que nos integró en la Comunidad Europea; una revolución diplomática que nos alejó del aislacionismo; una revolución histórica que afirmó una hispanidad abierta y dinámica; una revolución socio-cultural que dio lugar a una sociedad con una gran libertad de costumbres y, finalmente, una revolución mental que ha acabado con nuestro estrecho etnocentrismo. Pero todos estos motivos para celebrar nuestra copertenencia, por lo visto, no se ven desde aquí.

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