La inteligencia artificial está desencadenando uno de los mayores despliegues de infraestructura de la historia moderna. Este informe analiza el creciente nexo entre IA, energía, agua, minerales y tierra, así como los riesgos sistémicos que surgen de una expansión mal coordinada. Sostiene que el futuro de la IA no estará determinado solo por la tecnología, sino por si los gobiernos y la industria son capaces de construir en torno a ella sistemas de infraestructura resilientes, sostenibles y socialmente responsables.
Mientras las empresas tecnológicas invierten cientos de miles de millones de dólares en sistemas informáticos avanzados, los cimientos físicos de la IA se expanden con rapidez por todo el mundo. Pero detrás de la promesa de la IA hay una realidad que a menudo pasa desapercibida: la IA depende de enormes cantidades de energía, agua, tierra y minerales críticos. Los centros de datos requieren electricidad y refrigeración. Los chips y las baterías dependen de la extracción de minerales. Los corredores de transmisión y las instalaciones informáticas remodelan los patrones de uso del suelo. Las decisiones que se tomen hoy determinarán si la IA se convierte en un motor de prosperidad a largo plazo y de resiliencia climática, o en una fuente de presión creciente sobre el medioambiente y los recursos.
